lunes, julio 25, 2005

Paranoid love

9:00 Estoy frente al metro. Llegué puntual. No te veo. Llegarás en cualquier momento. Miro el suelo. 9:15 Llevo quince minutos aquí. No has llegado. ¿Habrá pasado algo? ¿Recuerdas esta cita? Miro el cielo. 9:35 Aún no apareces. Comienzo a inquietarme. Tiemblo de frío. Prendo un cigarro. Miro la pared. 9:45 Nunca llegas tarde. Y aún no llegas. Hay tráfico. Mucha gente en el metro. Huele a lluvia. 9:50 Prendo otro cigarro. El cielo se nubla. Hace más frío. Un niño me mira. Lo miro también. 9:54 Una señora pregunta la hora. En nueve minutos me voy. Aún tienes tiempo. ¿No llegarás? Escucho "paranoid love". 9:56 Tienes cuatro minutos. ¿Por qué no llegas? Prendo otro cigarro. Cruzo los brazos. Me siento. 9:57 No tengo cigarros. El viento sopla fuerte. El cielo se oscurece. La paciencia me abandona. Un policía me observa. 9:58 Me pongo de pie. Cierro el abrigo. El viento me despeina. El policía dice algo. Afirmo con la cabeza. 9:59 ¿Qué sucede? El policía se fue. Me siento triste. Empieza a llover. La gente corre. 10:00 Me voy. No llegaste. ¿Estarás bien? Entro al metro. Adiós.

domingo, julio 24, 2005

Despedida sin palabras

Por primera vez falló mi instinto. Más de un semestre de estar en el momento preciso, en el lugar preciso y tenía que terminar de la peor manera. Al salir del colegio caminé sin fijarme en el rumbo y cuando me percaté de esto era demasiado tarde. Estaba parada frente a la cafetería en la que nos conocimos hace ya muchos meses. Y entonces una corazonada me dijo que tú estabas adentro, sentado en la misma mesa en la que te vi por primera vez. Y después de ese día nos encontramos muchas veces sin concertar una cita, lo único que decíamos era: "Mañana nos encontramos" y así sucedía. Pero no esta noche. Entré al lugar para decepcionarme de mi error. No estabas ahí, en la mesa de la esquina, tu favorita por la falta de luz y la concentración del aroma a café, pero tampoco estabas en otra mesa. El lugar carecía de tu presencia. Entonces salí con la idea en la cabeza de que tenía que encontrarte. Fui a la librería cercana a tu casa pensando que quizá habías decidido leer un libro del cual no eras el dueño y enriquecerlo escribiendo al margen de las páginas. Fui al centro comercial del sur con la idea de que tal vez habías preferido comer entre desconocidos, escuchar conversaciones ajenas y analizar a la gente con sólo mirarla a los ojos. Fui al cine, al restaurante de los ingleses que escuchan ska, fui a la tienda de discos donde se habla italiano costeño, fui a casa de Concurrence, fui al parque de los recuerdos y las verdades, y no te encontré. Y ahora, después de buscarte y fracasar, sé lo que sucede. ¿Es así como terminas todas tus relaciones?