lunes, junio 06, 2005

Just a dragonfly

Una vez, hace ya mucho tiempo, conocí a un niño, uno muy listo para su corta edad. Lo conocí en un parque, cerca de un pequeño lago artificial. Lo primero que me dijo fue: "No te acerques, hay dragones que vuelan", lo que hizo que me detuviera en seco. Dudé un momento, pero el impulso me ganó, entonces yo pregunté: "¿qué es un dragón que vuela?" mientras percibía que el pequeño estaba paralizado. "Esos, allá, cerca de los lirios". Entrecerré los ojos para ver el objeto u objetos a los que se refería y entonces entendí. Había unas cuantas libélulas flotando cerca del lago, como en un baile sin coreografía, una danza independiente. De pronto casi todas se alejaron a toda velocidad, dejando a una, quieta sobre una de las flores acuáticas. No pude dar más de un paso cuando el niño murmuró: "No te muevas". "Es sólo una libélula" respondí tratando de calmarlo y de conseguir permiso para moverme. "no, es un dragón que vuela ¿no saben lo que pueden hacer?" "No" dije con un ligero tono de duda. "Parecen inofensivos, pero no lo son. Son muy dañinos. Incluso puedes acertarte y tocarlos y no pasa nada, pero de pronto, todos te atacan. Son muy traicioneros. No son de fiar." "No sabía eso." "Si, y hacen lo mismo entre ellos. Se supone que sólo tienen una pareja y se podría decir que se aman mutuamente, pero no es así. Sólo esperan el momento preciso para eliminar a su compañero. Por que son las hembras las malvadas. Son las que lastiman más, en todos los aspectos." Me quedé callada. Callada y quieta. Y tantas cosas cruzaron por mi mente, tanto que pude haberle dicho al niño, pero no me atreví a romper el silencio, incluso respiraba lento, por miedo a que el dragónq eu vuela nos viera y nos atacara. Y así permanecimos durante mucho tiempo, hasta que el cielo se oscureció y aparecieron algunas estrellas. Fue cuando la luna se admiraba en el agua que el dragón que vuela desapareció entre los árboles. Entonces el niño y yo caminamos hasta la entrada del parque y en lugar de decirle adios, las palabras que salieron de mis labios fueron: "Los humanos son como los dragones que vuelas, en especial las mujeres." Y el niño se fue corriendo. * http://webzoom.freewebs.com/belenen/myart/dragonfly%20painting.jpg

sábado, junio 04, 2005

Inciertamente cierto

Cucurbitaceae duerme. Dentro de diez minutos despertará y entrará al baño. Después de asearse, se arreglará haciendo uso de un poco de maquillaje y algunos adornos para el cabello. No consumirá alimentos, pues ocupará demasiado tiempo el retocarse y se le hará tarde. Saldrá sin cerrar ambas chapas de la puerta de su departamento. Bajará los escalones en pares, provocando que su pluma favorita sea expulsada del bolsillo de su pantalón y ella no se percatará. Caminará cinco cuadras para llegar a la parada del autobús y no tardará más de dos minutos en abordarlo. Durante el trayecto oirá las voces y conversaciones de los demás pasajeros sin prestar atención, mientras miles de cosas pasarán por su mente. Llegará a su destino sin notarlo, sólo la ausencia de pasajeros e incluso del chofer la hará reaccionar. Caminará quince minutos para llegar a su colegio. En el camino sólo verá sombras, no se fijará en detalles de la gente, pues estará concentrada en sus pensamientos. Antes de llegar a su salón de clases, entrará a la biblioteca a entregar un libro que ni siquiera abrió durante la semana que lo tuvo en su poder. Saldrá de la biblioteca y subirá por las escaleras al pasillo principal, donde se encontrará a un viejo amigo con años de ausencia. Se pondrán al día en sus vidas y cada uno seguirá su camino. Cucurbitaceae entrará a su clase y se enfocará en revisar su tarea y en re-escribir un ensayo. Terminará sus clases sin mayores eventos. Comerá en un restaurante cercano a su escuela. Al finalizar, saldrá del lugar y caminará a su hogar. Después de una hora de camino, tomará un descanso y se sentará a leer en el parque. Al llegar a la página cien cerrará su libro y continuará su trayecto a casa. Llegará al edificio y encontrará un sobre con uno de sus apodos escrito en una esquina del mismo. Pero no lo abrirá. Sólo lo tomará y lo colocará en su mochila. No leerá el contenido de la nota hecha a mano, con escritura rápida y descuidada. Sus ojos no verán el “Te amo y lo siento”. Pero seguirá tan absorta en sus pensamientos que no le dará importancia al sobre o su contenido. Abrirá la cerradura de en medio de su puerta sin recordar que había puesto otro cerrojo. No terminará de abrir la puerta cuando un sonido como explosión interrumpirá la tranquilidad del lugar. Un intenso dolor que empezará en el pecho recorrerá su cuerpo, haciendo casi imposible su respiración. Después de una agonía que durará varios minutos se apagará el brillo de su vida. Pero Cucurbitaceae no lo sabe. Ella sólo duerme.

miércoles, junio 01, 2005

Sin sol, hay tormenta.

El aire huele a tormenta. Y si es verdad, será una grande, de las que duran horas y dejan daños por doquier. Y el sol no aparecerá. No se verá su rastro por un tiempo; sus rayos no iluminarán este planeta. Por eso el aire huele a tormenta. Y no se sabe con precisión cuando regresará el sol, me daré cuenta cuando haya una mañana nuevamente, cuando la obscuridad sea remplazada por el brillo de su presencia; cuando deje de sentirme extraviada y olvidada en medio de un infinito de sombras. Cuando el sol regrese, iluminará mi camino y ya no me sentiré sola.