Cucurbitaceae duerme. Dentro de diez minutos despertará y entrará al baño. Después de asearse, se arreglará haciendo uso de un poco de maquillaje y algunos adornos para el cabello. No consumirá alimentos, pues ocupará demasiado tiempo el retocarse y se le hará tarde. Saldrá sin cerrar ambas chapas de la puerta de su departamento. Bajará los escalones en pares, provocando que su pluma favorita sea expulsada del bolsillo de su pantalón y ella no se percatará. Caminará cinco cuadras para llegar a la parada del autobús y no tardará más de dos minutos en abordarlo. Durante el trayecto oirá las voces y conversaciones de los demás pasajeros sin prestar atención, mientras miles de cosas pasarán por su mente. Llegará a su destino sin notarlo, sólo la ausencia de pasajeros e incluso del chofer la hará reaccionar. Caminará quince minutos para llegar a su colegio. En el camino sólo verá sombras, no se fijará en detalles de la gente, pues estará concentrada en sus pensamientos. Antes de llegar a su salón de clases, entrará a la biblioteca a entregar un libro que ni siquiera abrió durante la semana que lo tuvo en su poder. Saldrá de la biblioteca y subirá por las escaleras al pasillo principal, donde se encontrará a un viejo amigo con años de ausencia. Se pondrán al día en sus vidas y cada uno seguirá su camino. Cucurbitaceae entrará a su clase y se enfocará en revisar su tarea y en re-escribir un ensayo. Terminará sus clases sin mayores eventos. Comerá en un restaurante cercano a su escuela. Al finalizar, saldrá del lugar y caminará a su hogar. Después de una hora de camino, tomará un descanso y se sentará a leer en el parque. Al llegar a la página cien cerrará su libro y continuará su trayecto a casa. Llegará al edificio y encontrará un sobre con uno de sus apodos escrito en una esquina del mismo. Pero no lo abrirá. Sólo lo tomará y lo colocará en su mochila. No leerá el contenido de la nota hecha a mano, con escritura rápida y descuidada. Sus ojos no verán el “Te amo y lo siento”. Pero seguirá tan absorta en sus pensamientos que no le dará importancia al sobre o su contenido. Abrirá la cerradura de en medio de su puerta sin recordar que había puesto otro cerrojo. No terminará de abrir la puerta cuando un sonido como explosión interrumpirá la tranquilidad del lugar. Un intenso dolor que empezará en el pecho recorrerá su cuerpo, haciendo casi imposible su respiración. Después de una agonía que durará varios minutos se apagará el brillo de su vida. Pero Cucurbitaceae no lo sabe. Ella sólo duerme.