Ícaro
Entonces Ícaro, con sus alas de cera, intentó acercarse al Olimpo para estar con su amada. Pero ella era inalcanzable y aunque él lo sabía, eso no le impidió soñar. Él jamás debió cimbrar sus esperanzas en ella, una diosa llena de caprichos y voluble, cambiante como el clima; y jamás debió pensar que sería correspondido. En su tentativa de alcanzar a los dioses, Ícaro se acercó demasiado al sol, sus alas se derritieron casi al instante, haciéndolo caer al vacío. Y ella sólo lo miró desplomarse, sabiendo cual era la causa de tal catástrofe.

